El
reloj victoriano marca la una de la tarde en la vieja torre. Cuántas
personas, felices, esperanzadas hubo allí alguna vez esperando el
comienzo de un nuevo año. La bandera ondea en el cielo despejado,
batiendo sus orgullosas alas contra el sol milenario y desde el suelo
un joven la mira fijamente. No siente respeto por esa bandera, sólo
guarda rencor. Simplemente ve un trozo de tela decorado con
brillantes y cálidos tonos.
Su
sueño siempre fue salir de ese país, vivir en algún lugar
emocionante, dónde pudiera triunfar y escribir las historias más
hermosas…Estuvo tan cerca de alcanzarlo…pero entonces su padre
enfermó, y le pidió que se quedara allí y cuidara de su familia,
castigándose a sí mismo por una mala tirada de cartas del destino.
Saca
su libreta, se deja llevar por todo lo que percibe y así, escribe:
Soy
un alma perdida; una luz errante inhibida de emociones. Todo se
despliega en esta página, palabras entrecortadas saliendo como
afiladas flechas de cada una de las heridas de mi corazón; y así,
vuelvo a ser un tarro vacio, llenándose poco a poco por las caídas
constantes de mi orgullo y mi valía, que quizá, sólo quizá no se
escapan, solo se pierden entre turbias emociones, por mucho más
oscuras y fugaces que el sueño que cada uno aspira a alcanzar.
Cierra
la libreta; Tiene la posibilidad de conseguir lo que desea, pero
siente que es demasiado tarde; es como vivir en una cárcel con las
puertas abiertas.
Cinco
metros bajo tierra, recién llegada del aeropuerto de Barajas, una
joven mejicana llega al centro de Madrid.
Da
un paso; pisa la estación de tren y respira aliviada su nueva vida
mientras un trémulo fulgor escapa en forma de suspiro de sus
labios. Por fin sale a la cálida mañana y mira con ojos llenos de
ternura y alegría la bandera ondeante de su nueva patria. Miles de
texturas y brillantes colores la rodean. Tiene que contenerse para no
sentarse en medio de la plaza y empezar a crear un bello boceto para
guardarlo siempre en su bolsillo.
Desde
pequeña había destacado. Fue a la escuela, haciendo acopio del poco
dinero de su familia, estudiaba, dibujaba, creaba paisajes de
libertad y amor, un lugar en que no tuviera que lidiar con la
pesadumbre. A los diecinueve años estaba lista para entrar en la
universidad, obtendría un título de Bellas Artes y todo sería
genial. Pero eso nunca pasó. Pensó que por fin tenía un bonito
final al alcance de la mano. Vivió un solo día con ansias de
librarse de las responsabilidades y de pronto se encontró en una
cama, con el sol de la mañana bañando una solitaria habitación, y
ella, tendida, sola y desnuda en medio de un manojo de sábanas.
Aquella
noche su vida cambió para siempre. Con un nuevo ser en su interior,
huyó de su pueblo, abandonó a su familia y nueve meses más tarde
dejó a un recién nacido en un pobre orfanato.
Fue
el peor tiempo de su vida. Veía cómo los retazos destrozados de
aquella hermosa imagen que siempre fue su sueño se desgarraban,
fundían, formando entonces una confusa masa a la que todos llaman
recuerdo, que no la dejaba olvidar el error que cometió,
recordándola siempre que cuánta más fuerza pusiera en sus alas al
querer elevarse, más dolorosa y sangrienta sería la caída al más
pequeño desliz.
No
le quedó otra opción que inventarse una nueva vida, y con unas
desgastadas acuarelas, un pincel despeluchado y su instinto de
supervivencia llegó a España, decidida a no dejar escapar una sola
oportunidad de seguir adelante, ya que nunca es demasiado tarde.
Así
que, con decisión, levanta la mirada y mira aquella hermosa
bandera.
“Tres
simples colores, tantas ideas…” un pensamiento compartido con dos
vistas diferentes.
Ensimismado
en sus pensamientos, el chico no se percata de que una joven Mejicana
le está reclamando su atención al preguntarle por una calle, sigue
parado en la Puerta del Sol, con una nueva e inesperada compañía,
alguien que le contradice en todas sus ideas, oh, cuán irónica
llega a ser la vida…
De
repente escucha el ruido de unos botes chocar contra el suelo.
-Vaya…lo
siento, es que al llevar tantas cosas pequeñas es muy difícil
manejarlo todo…-se excusó la chica de suaves rasgos.
-Sí,
lo sé es fácil que algo acabe cayendo-terminó el joven la frase.
La
ayuda a recoger sus acuarelas y en un instante alcanza a ver un
retazo de una desgastada y vieja foto. Es la chica, lleva un bombín
de graduación y está abrazando a un anciano hombre de frágil
aspecto.
-Veo
que has ido a la universidad, ¿en qué trabajas?-sin explicación
alguna el muchacho empieza a sentir una extraña conexión con la
mejicana.
-En
realidad…esa foto es del instituto, no llegué a empezar la
universidad.
-Es
una pena ¿qué querías estudiar?
-Bellas
Artes, aunque todo es, como se suele decir, una larga historia…
-¿Es
interesante? –al chico la curiosidad le estaba empezando a
martirizar.
-Sí,
se podría decir que no he tenido una vida precisamente tranquila.
-¿Qué
tal si te invito a un café y me lo cuentas? Soy periodista y de aquí
podría salir un artículo muy bueno.
La
muchacha pensó en todas las ofertas que el destino brinda ¿qué
pasaría si rechazara aquella oportunidad y luego se arrepentía? Es
posible que pudiera mostrarle sus dibujos y que la contrataran en su
misma editorial. Esta vez no se dejaría intimidar.
-De
acuerdo.
De
lo que aconteció aquella mañana de verano, sólo unos pocos guardan
recuerdo; en un mundo de mil caminos entrecruzados, una chica
mejicana cambió para siempre la visión del joven. Un café
compartido se convirtió en un intercambio de ideas entre una mujer
recién llegada al paraíso y un hombre deseando salir de un
infierno.
********************************************************************
Sé
que un periodista no debe expresar su opinión personal en una
noticia, pero estas afectan a nuestras vidas, son nuestros destinos.
Esto
no es más que una carta de despedida a mi puesto de trabajo. Lo que
ha leído usted no es más que mi último reportaje, esta vez sobre
inmigrantes que llegan a España escapando de sí mismos. La
diferencia es que esta historia cambió mi mundo y me obligó a
luchar por mi sueño.
Una
importante decisión que tomé de forma repentina y firme cuando
volvía a casa después de aquella extraña entrevista en el café,
con cuatro folios llenos de sentimientos de aquella extraña chica
mejicana de corazón española, que siguió adelante, sin dejarse
atrapar por dificultades.
Me
había pasado la vida siendo como aquella farola intermitente de la
puerta de mi bloque, nunca decidida a alumbrar en la oscuridad, pero
aquella noche cuando todo cambió, estaba encendida para asombro de
muchos y decisión de mi alma.
Todos
los que no se han rendido, todos aquellos que llegaron buscando algo
mejor, lo han conseguido. Ahora es mi turno.
Con
cariño del que a partir de hoy no volverán a tener noticia, mi
agradecimiento por haber confiado en mí en estos años de trabajo a
su servicio.
-Un
periodista-
Autoras: Elena Romero Fernández y Yuleica Pertierra García
No hay comentarios:
Publicar un comentario