“Creo
que ahora tendré que pedir permiso para morir un poco.
Con permiso, ¿eh? No tardo. Gracias”… después de
pensar esto escapo, subo las escaleras despacio mientras tomo aire,
cada escalón es una liberación pero al mismo tiempo el imán está
presente. En el segundo piso hay una habitación muy grande, menos
mal está sola, me siento en el borde de la cama, subo el volumen a
la tv y espero, no sé cuánto tiempo, me chupo unas tres bananas que
íngrimas adornaban el nochero. Escucho algunos gemidos, no sé si
verdaderamente son los de mi amado. Pero son gemidos, una pareja
llega desde el primer nivel, se tumban en la cama e inician sus
roces, me invitan a unirme con los ojos. Pero tomo una sabana, me la
pongo a lo Griego y escapo de manera sutil.
La
verdad lo pensé mucho antes de decidir visitar esta fiesta, sabia
más o menos que pasaría, por eso hoy muren parte de mis sueños
privados, perecen de manera rotunda las fantasías que me sonrojaban,
hoy mueren acribilladas todas las fantasías, mis películas para
adultos eran solo sutiles frente al desborde trastabilladlos de las
pulsiones sexuales, hoy las perversiones se juntaron, me ronda
ocasionándome un miedo a la vez excitante, me siento en la sala
principal y se había armado en la mitad de la pista una masa humana,
costaba trabajo distinguir los rostros, salieron un par de manos que
me invitaron a unirme, huyo nuevamente con mi túnica improvisada y
me ubico en un pequeño solar, en el jacuzzis reconozco a mi amado,
esta con dos personas, solo les veo la espalda, me invita a ingresar,
pero no tengo el suficiente alcohol en la sangre. Me prepare una copa
doble, e ingreso al agua. Estas hirviendo, debajo de las espumas hay
una mano que sube por mi pierna, luego dos manos, luego seis manos.
Las
contradicciones de sentir, reprimir, los gestos de mi amado asentían
la situación y la lucha de mi cuerpo y mi mente, Salí del agua, al
momento mi amado al lado mío. Un cigarrillo y una cerveza más,
había que tomar decisiones, claro las repercusiones no se lograban
medir, mi amado me pregunta sobre mi estado, le respondo que estoy
bien, que es cuestión de tiempo. ¿Qué hacer, para donde pegar, que
decir? Tengo incertidumbres confesables, otras no. Invertimos muchos
dineros por estar aquí, estoy segura que mi amado lo está
disfrutando. Los gemidos en la sala de bailen cesan, me siento
tranquila, pues al terminar la faena también terminaría mi
compromiso.
Aprovecho
la calma, busco mi ropa, que había dejado cuidadosamente apilada en
una esquina, me visto arrinconada rápida y descuidadamente. Una
mujer, la más bella de la fiesta se me acerca y dulcemente me dice,
no se vallan a ir tan pronto, es muy temprano y se viene lo bueno uy
digo para mi ¿lo bueno, que será lo que se viene? Me alcanza una
cerveza ella misma la abre y las pone en mi mano. No sabía que
decir, por lo menos no quería molestar a nadie, busco entre las
gentes a mi amado que mira fijamente una pareja cachonda. Lo traigo
de la mano yo a medio vestir salimos de nuevo, otro cigarro y las
incertidumbres regresan, le cuento la invitación de la chica a lo
que me responde con una pregunta. ¿Quieres que entremos en el Sauna?
lo dijo a si sin más, con una naturalidad espantosa que se alejaba
del temperamento habitual de ese mi hombre. Yo solo atine a
responder, vamos a buscarlos y regresamos. Nuevamente me encuentro
subiendo, ya la habitación está llena, entro al baño, mientras
tanto mi amado se refugia en una esquina con una chica joven, la
mirada de reproche fue contundente, bajamos de nuevo, yo escapando
casi a hurtadillas, dispuesta a abandonar. Termine de acomodar mis
pertenecías y salimos al frio de la noche, el regreso a casa fue
silencioso, había premoniciones de tormentas internas, era la
procesión del entierro de mis fantasías, seguramente el próximo
fin de semana habrá resurrección.
Autor: Omar Felipe Becerra Ocampo
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