AQUEL
DÍA CRUZABAN LAS MARAÑAS
A Miguel Hernández.
Aquel
día cruzaban las marañas
por
el límpido cielo de Alicante,
y las
lágrimas fueron violentadas
buscaban
su pañuelo, ¡el desenlace!
El
coso de paredes verdinazas
rebosaba
los miedos alienantes,
sufridores
de dicha que se escapa
del
control ejercido por guardines.
Las
brumas enloquecen, se retrancan
en
las celdas llevando sus mensajes,
recogidos
de olas cresta sabia
aliadas
de la vida y sus cantares.
Y
frenan a fusiles y sus balas
que
derraman furiosas roja sangre,
si
aún quedaba en depósito que mana
al
quitarle la capa a triste carne.
Pero
ese día no era de luz clara
se
estaban peleando los desmanes,
por
ver donde iban a hincar su daga
si en
el costado dolía a raudales.
Se
dormiría con aquellas nanas
al
masticar sabores que renacen,
en
sangre de cebollas escarchadas
que
suplen leche de querida madre.
Y los
toros tan fieros cuando braman
al
ser castrados cambian el pelaje,
pierden
bravura, pierden genio y casta,
son
dominados y su frente cae.
Pero
los hombres ríen, su frente alzan,
lo
que decías: ¿Dominarlos? ¡Nadie!.
Por
eso el hombre pensador amasa
pan e
ideas, que da a los de su clase,
¡Y
no esperes Miguel, que en la besana
cuando
las hoces siegan, coplas canten,
si el
puño que domina no hace causa,
al
tamborilear dedos que hermanen!
Autor: Juan Durán Velasco
Categoría: Poesía
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