Después
de crear el universo, Dios se encontraba terriblemente aburrido, la
rebelión de Luzbel había sido ligeramente entretenida y el enviar a
su único hijo a manifestarse como uno de ellos entre los humanos
había sido una maniobra apasionante, sobre todo al principio, el
final había resultado demasiado dramático para su gusto, pero había
dejado la opción del libre albedrío precisamente para ser
sorprendido ocasionalmente, sin embargo el ser humano era tan
predecible, rey tras rey, guerra tras guerra, era un continuo círculo
vicioso, las bajas pasiones, los mismos odios, las pequeñas
alegrías, todo era repetido por diferentes personajes, con los
mismos resultados.
Una
posibilidad era la creación de un nuevo universo alternativo, que
trajera mayor riqueza y color, un sabor diferente, consideró
diferentes proyectos como un tipo de vida basado en el silicio, o la
interacción entre la especie humana y alguna de las otras que se
encontraban a millones de años luz del planeta tierra.
Finalmente
podía también empezar de nuevo, el mecanismo de entropía que había
integrado en el programa de su universo le daba una garantía de que
este era finito, podía alejarse unos cientos de miles de millones de
años y esperar a que el universo se terminara en virtud de la
segunda ley de la termodinámica que indica que el tiempo todo lo
agota, aunque claro Él siempre podía revertirlo, después de todo
era Omnisciente, Omnipresente y Todopoderoso, sin embargo para que la
entropía se hiciera cargo faltaba mucho, la información corría
demasiado lenta para su gusto.
Dios
estaba cansado, así que hizo lo que consideró conveniente: oprimió
las tres teclas ctrl alt y del de manera simultánea.
Las
estrellas empezaron a apagarse… una a una.
Autor: Enrique
Caballero Peraza
Categoría: Adulto
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