Mi querida Alicia:
Cuanto tiempo he perdido distraído con los placeres del mundo sin saber que eras tú lo único que necesitaba. Deambulaba ciego por la vida, y mientras tú te morías de amor por mi, y yo sin embargo gastaba mi tiempo adorando falsos dioses que tan sólo me llevaban hacia el vacío y la tristeza.
Perdoname porque tanto te quise, que no supe como quererte. No paraba de buscarte y en
realidad no quería encontrarte. Tenía miedo a quedar deslumbrado por el brillo de tus ojos, a volver a sentir la mágica calidez de tus manos, a tener la sensación de que no hace falta morir para sentir que se está en el paraíso; tenía miedo a aquel primer beso que se dan dos jóvenes inocentes y que sella un compromiso para toda la eternidad; tenía miedo a tener que morir por ti, sin haber aprendido a vivir queriéndote.
...Y cuando dejé de sentir tu aliento en mis mejillas pude comprobar cuanto me aterra la soledad.
Me vi perdido en el abismo de las almas en pena, que muertas en vida deambulan de acá para allá, sin ser capaces de comprender que el infierno es no amar ni ser amado por nadie; y quise que tus besos me devolvieran a la vida, pero tú ya no estabas; por egoísmo te aparté a un lado, sin saber que mi alma se partía en dos. Y aún espero volver a ti, para recuperar la verdadera vida, vida que me una a ti en el amor por siempre.
Ahora comprendo, lo necio que fui por no saber hallarte en el sufrimiento. Me deje vencer por la tentación del miedo y no me daba cuenta de que te tenía a mi lado susurrándome al oído que me amas, que no importa el pasado, que tú nunca le dices que no a un corazón arrepentido y humillado.
Sólo te puedo decir 'gracias', por que tu caridad me ha hecho mejor persona, por enseñarme a mirar más allá de mi ombligo, por que contigo aprendí que los muros infranqueables se construyen poniendo piedrecitas pequeñas día tras día. Cuantas veces te eché la culpa de todo, sin ver que era yo el que iba por camino equivocado. Que no tiene más razón quién más grita y hiere con sus palabras, sino quién más sabe amar en silencio. Y en el silencio te he vuelto a buscar y allí he podido hallarte.
Perdoname porque tanto te quise, que no supe como quererte. No paraba de buscarte y en
realidad no quería encontrarte. Tenía miedo a quedar deslumbrado por el brillo de tus ojos, a volver a sentir la mágica calidez de tus manos, a tener la sensación de que no hace falta morir para sentir que se está en el paraíso; tenía miedo a aquel primer beso que se dan dos jóvenes inocentes y que sella un compromiso para toda la eternidad; tenía miedo a tener que morir por ti, sin haber aprendido a vivir queriéndote.
...Y cuando dejé de sentir tu aliento en mis mejillas pude comprobar cuanto me aterra la soledad.
Me vi perdido en el abismo de las almas en pena, que muertas en vida deambulan de acá para allá, sin ser capaces de comprender que el infierno es no amar ni ser amado por nadie; y quise que tus besos me devolvieran a la vida, pero tú ya no estabas; por egoísmo te aparté a un lado, sin saber que mi alma se partía en dos. Y aún espero volver a ti, para recuperar la verdadera vida, vida que me una a ti en el amor por siempre.
Ahora comprendo, lo necio que fui por no saber hallarte en el sufrimiento. Me deje vencer por la tentación del miedo y no me daba cuenta de que te tenía a mi lado susurrándome al oído que me amas, que no importa el pasado, que tú nunca le dices que no a un corazón arrepentido y humillado.
Sólo te puedo decir 'gracias', por que tu caridad me ha hecho mejor persona, por enseñarme a mirar más allá de mi ombligo, por que contigo aprendí que los muros infranqueables se construyen poniendo piedrecitas pequeñas día tras día. Cuantas veces te eché la culpa de todo, sin ver que era yo el que iba por camino equivocado. Que no tiene más razón quién más grita y hiere con sus palabras, sino quién más sabe amar en silencio. Y en el silencio te he vuelto a buscar y allí he podido hallarte.
Autor: Roberto Gil González
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