En
la finca “El Paraíso” vivían los hermanos Segundo y Guillermo,
en ella se criaba ganado para la venta de leche y carne, los dos
hermanos se dedicaban todos los días a trabajar con su ganado,
madrugaban a las cinco de la mañana a ordeñar las vacas, a apartar
a los terneros, y a complementar la alimentación del ganado, con sal
y caña de azúcar. Puesto que por esos lados se robaban
constantemente el ganado, los dos hermanos se turnaban cada noche
para vigilar a sus animales, al principio se ubicaban dentro de una
caseta que estaba en el centro de la finca, pero por la muerte que le
ocurrió a otro vigilante en una finca cercana dentro de una caseta,
causada por los ladrones, se optó por no permanecer dentro de ella,
sino que se vigilaba desde un punto estratégico de la finca.
A
los dos hermanos se les ocurrió la idea de comprar un perro o una
perra para que ayudara con las labores de la finca y de paso que
prestara vigilancia en la misma, para lo cual debía ser un animal
inteligente, grande, obediente y valiente, puesto que para
enfrentarse a los ladrones y al ganado, se debía tener un
temperamento fuerte y arriesgado. Segundo tenía un amigo que era
Capitán del ejército, que vivía en una ciudad cercana, y el cual
le había comentado que la perra que tenía en su casa tenía dos
hijos, y quería vender uno porque en su casa no había mucho espacio
para tantos perros, entonces segundo viajó a esa ciudad y le compró
una perra a su amigo el Capitán, era una hermosa perra de raza
pastor alemán de un año de edad, la cual había sido educada
profesionalmente por su dueño, en vigilancia, obediencia, en
instrucción militar y demás aspectos que hicieran de esta perra una
excelente acompañante para múltiples tareas, a esa perra se le
había puesto el nombre de Simona. Adicionalmente el Capitán le
regaló a Segundo un libro de adiestramiento canino, con el fin de
que complementara la educación de Simona, para que fuera una
excelente mascota y una fiel trabajadora de la finca.
Segundo
llegó a su finca con Simona, y le empezó a enseñar todas las
labores que debía de desempeñar en su nuevo hogar, lo cual lo
logró rápidamente dada la inteligencia y la obediencia de este
hermoso animal. Simona ayudaba a agrupar a las vacas para el ordeño,
ayudaba a apartar a los terneros, vigilaba todas las noches al
ganado, traía los lazos para el ordeño, traía el balde para llenar
la leche, y en fin ayudaba en cuanto podía en la finca “El
Paraíso”, por lo cual era muy consentida y querida por sus dueños,
inclusive los vecinos de las fincas cercanas le tenían gran
admiración, y constantemente ofrecían dinero por ella, o proponían
cambiarla con una vaca con su ternero, pero los hermanos Segundo y
Guillermo no la cambiarían ni por todo el oro del mundo, ya que una
perra tan especial era muy difícil de conseguir.
Puesto
que Simona se dedicaba a la vigilancia del ganado tanto de noche como
de día, los hermanos ya podían dormir tranquilos, sin necesidad de
turnarse en la vigilancia, además le habían enseñado a Simona a
avisar cuando algún extraño estuviera en la finca.
En
una noche cualquiera estaban Segundo y Guillermo durmiendo tranquilos
en su casa, cuando de repente a eso de las dos de la mañana
sintieron los rasguños y ladridos de Simona en la puerta de la casa,
por lo cual Segundo se levantó a ver qué pasaba, y cuando abrió la
puerta Simona subió sus patas delanteras a su pecho y lo lamía y
aullaba, por lo cual Segundo cayó en cuenta que Simona venía a
informar de que se habían robado algún ganado, inmediatamente
Segundo y Guillermo se vistieron, se subieron a un caballo negro
azabache, y guiados por Simona emprendieron la búsqueda de su
ganado, recorrieron muchos kilómetros, hasta que les dieron las seis
de la mañana, en su camino se encontraron con una estación de la
policía, por lo cual les pidieron ayuda a los policías para que los
acompañaran a la búsqueda de su ganado y de los ladrones que se lo
habían llevado, los policías siguieron a Simona y al caballo con
Segundo y Guillermo, y cerca de las diez de la mañana llegaron a un
río en el cual estaba Simona deteniendo a los ladrones para evitar
de que cruzaran el río con los dos novillos que se habían robado, a
pesar de que los dos ladrones tenían revólveres, y le hacían
disparos a Simona, ella gracias al entrenamiento militar que había
recibido, no se dejó pegar ningún tiro, hasta que llegó la policía
junto con Segundo y Guillermo, los ladrones al verlos se tiraron al
río y se perdieron nadando aguas abajo, dejando en la orilla del río
a los dos novillos de quinientos kilos que la noche anterior se
habían robado, fue así como gracias a Simona, se logró recuperar
esos novillos tan hermosos y tan costosos, demostrando así que una
perra inteligente y valiente con una excelente educación puede ser
una magnífica compañía y ayudante de cualquier finca que requiera
de su presencia.
Así continuó
Simona con sus labores diarias, cuidando al ganado, acompañando a
los dueños de la finca y sirviendo en cuanto podía a sus amos, pero
como los ladrones no podían robar en esa finca, optaron por acabar
con la vida de Simona, y a pesar de que a ella se le había enseñado
de que no recibiera ninguna comida de los extraños, un Sábado en la
mañana Segundo la encontró muerta, en una esquina de la finca,
había sido envenenada por manos criminales, tal vez para poder robar
el ganado, o como venganza de los ladrones a los cuales les había
quitado los dos novillos que se habían robado de la finca, no se
supo quién fue que la mató, y quedó un gran vacío en los
corazones de Segundo y Guillermo, ya que habían perdido a un
integrante de su familia, una perra fiel, valiente, inteligente, y
que era como una hija para ellos, a la cual adoraban y consentían
mucho. El recuerdo de Simona nunca se extinguirá sino que seguirá
en la mente y en el corazón de sus dueños. ¡Paz en la tumba de
Simona!
14
de Noviembre del año 2010
Autor: Leodán Andrés Otaya Burbano
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