Tu
vida que como libro
yo
supe descubrir
y en él quiero escribir
las
pasiones con que vibro
desde
que pude leer
en
ti algunas páginas
en
que descubrí el ánima
del
mundo en tu ser.
Y
si tú me lo permites
pongo
a tu disposición
el
libro de mi corazón
para
que con él recites
la
poesía de mi vida
con
la dulzura de tu voz
haciendo
que los dos
construyamos
nuestra vida,
con
un tomo que lo inicie
marcando
pauta segura
con
la esperanza futura
de
otros que le den pie,
para
prolongar al infinito
las
historias que hilvanemos
cuando
nos amemos
sin
freno y con exquisito
aroma
de sabiduría,
sabor
de linda pasión,
figura
de comprensión
y espíritu de camaradería,
y firmemos en cada ejemplar
con
rúbrica que asombre
al
mundo cuando los nombres
nuestros
se unan al amar,
la
vida con todo lo cierto
que
ella nos prodiga
y hagamos mejor la vida
escrita
en nuestros cuerpos.
Y
si así no lo aceptas
podemos
escoger la variante
en
que tú seas a cada instante
correctora
de mis recetas
poéticas,
novelescas, pedagógicas,
filosóficas,
históricas y patrióticas
que
pasen por la exquisita óptica
de
tus ansias enciclopédicas.
El
respeto siempre será
la
divisa que te ofrezca
para
que yo merezca
de
ti la confianza que está
depositada
por este Quijote
en
tu delicioso saber
dulce,
grandiosa mujer
con
futuro que a la postre
descubrirá
que tú, en lides
de
armas intelectuales
superarás
a las actuales
y futuras adalides.
Y
como a veces pasa
que
la vida nos da reveses,
si
no tienes refugio, te guareces
para
siempre en mi casa,
que
yo te daré el pan,
el
vino muy bien conservado
y todo lo que anhelado
otros
hombres no te dan.
Y
tendrás firme escudo
para
defender tus sentimientos,
y mi espada para los tormentos
que
amenazan a menudo,
que
tomaré para mí
si
das tu aprobación
y haré que en cada ocasión
mis
libros sean para ti.
Y
te cuidaré como fiera
en
celo de amor permanente
para
que en ti sea siempre
dulce
y eterna primavera.
Autor: Félix Pacheco Granado
No hay comentarios:
Publicar un comentario