Escribo
desde el pasado, donde lo aprendido se entrelaza con los recuerdos,
haciendo que el cosmos que nos rodea haga de estas letras no más que
el dulce sonido que tu desees escuchar.
Eran días muy sombríos. Estaba aturdida, me sentía manipulada, tenía miedo por los míos; porque estaban sufriendo, porque todo se hacía oscuro, parecía que el tiempo se había detenido. No sabía dónde ir ni que hacer; como si todo consistiese en un mal sueño en el que no encontraba quien me pellizcase para poder despertar. No podía olvidar el pasado, el abandono. Sabía que todo era real pues me dolía, y mis lágrimas son mares, y mi llanto es el estruendo de las olas de mis lágrimas al chocar contra las rocas. Y mis ojos, casi apagados, no veían mucho más del más allá, pues no encontraban una salida y descansaban casi mudos, tímidos, con miedo, mis ojos, a los que tanto amo, porque sé que ellos también son capaces de amar.
Paseaba dando tumbos, a la vista de todos. Parecía que estaba borracha, que tontería; una simple excusa para disimular el agotamiento por no encontrar una manera para salvarme de esta angustia que sentía solo por el sentir de los míos.
Tropecé de nuevo, pero no caí; siempre hay alguien cerca que me echa una mano, que aparece de repente y me sujeta para que continúe caminando; otro más al que tengo que agradecer que no me halla desplomado. Eso me duele más; debo tanto a la gente que si no fuese por ellos seguramente mi rostro sería diferente, mis sentimientos, incluso mi nombre ya hubiese cambiado. Como agradecer a todos los que me sujetan para no caer en estos momentos en los que me siento tan perdida. Si el sol me mira a la espera, como si estaría ausente la memoria del hoy, y el recuerdo del ayer me contase al oído que las personas que me quieren no tienen miedo a nada, que jamás me abandonaran. El sol me dice que esas personas son capaces de dar sus vidas por mí, que muchos ya la han dado, que dedican su tiempo; ese tiempo que es tan precioso, para que yo salga adelante y me centre en esa memora que está ausente, esa memoria que es la del hoy pues más adelante será la memoria del pasado, y cuando mire hacia atrás no tenga que decir qué mis mares son lágrimas y mí llanto su feroz bravura.
Continué caminando y volví a tropezar, evidentemente no caí, de nuevo me sujetó alguien, esta vez esa persona me señaló una casa: una casa muy grande, una casa diferente, con muchas ventanas y muchas puertas, las ventanas eran azules y todas sus puertas estaban abiertas. Caminé dirección a la casa, al cruzar la esquina de la calle escuché el compás de otros pasos que caminaban junto a mí, también se dirigían a la casa. Al llegar a una de las puertas quien me acompañaba y yo izamos nuestros rostros, muy lentamente, nos miramos a los ojos; como banderas que se izan muy despacio hasta alcanzar lo alto del mástil que las sujeta.
Nos miramos fijamente y cruzamos la puerta que permanecía abierta, antes de entrar me giré, miré a mi sol, y a su lado una estrella, era dorada, muy linda, de cinco puntas, el sol me dijo que esa estrella, ahora, también me pertenecía.
Dentro de la casa comenzó a sonar la música, aquella música entraba por nuestros oídos y llegaba a lo más profundo de nuestra tierra; se trataba de la novena sinfonía de Ludwin van Beethoven. Comencé a sentirme fuerte, la paz de la música junto al silencio de la casa hizo que mis mares se calmaran, que sus olas cesaran, que el viento se convirtiese en brisa, fue entonces cuando comencé a sonreír. Muy cerca de mí sentí como los míos también sonreían; todos aquellos que sujetaron mi hombro para que no cayera cuando tropezaba, aquellos que prestaron sus vidas, que dedicaron y dedican su tiempo para que en estos momentos continuemos sonriendo. Ellos y yo, yo y ellos, porque sin ellos no soy nadie ni nada, porque sus manos cultivaron mí tierra, cuidaron de mí cielo, abrazaron a mi sol y acunaron a mis estrellas, lloraron con migo y con mis mares, sintieron mi frió y mi calor, soportaron mis enfados y rabietas. Y ahora sonríen así. Porque sí. Porque se lo merecen. Porque yo soy de ellos y les quiero como míos, y la música continua sonando, hace ya más de veinte años que suena, y cada año me hago más fuete y más libre, más hermosa. Ahora creo en algo que desprende amistad, unidad, diversidad; un perfume que me da calma, que me hace imaginar, inventar, descubrir y crear, un aroma que tiene nombre y apellidos, que se llama – Unión Europea-. Y la casa, aquella casa; la casa de las puertas abiertas, también con su nombre – Unidos en la diversidad-.
Que tonta soy, ni siquiera me he presentado, el dolor del pasado me hizo olvidar, les pido mil disculpas. Me llamo España, el compás de aquellos pasos que caminaron junto a mí hasta llegar a esta casa ¿los recordáis?, se llaman Portugal, todos los que me dieron y me están dando su tiempo, que me sujetaban y aún me sujetan cuando tropiezo, porque hay días que aún tropiezo… pero muchos menos, todos esos se llaman españoles. En –Unidos por la diversidad- ahora somos veintisiete; está Bélgica, Dinamarca, Alemania, Grecia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, Portugal; “esta es la de los pasos”, Finlandia, Suecia, Reino Unido, República Checa, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, Malta, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, y dos que han entrado hace muy poquitín y que estamos ansiosos por conocer mejor, Bulgaria y Rumania.
Ahora todos tenemos un nombre y es igual para todos, “así no nos confundimos cuando nos llamamos”, somos;-La Unión Europea- . También tenemos una bandera que representa un círculo de doce estrellas doradas sobre un fondo azul “como la estrella que estaba junto al sol el día que cruce esta puerta”. La música que sonaba cuando entré en esta casa, y que aún suena; ese es nuestro himno. Nuestro cumpleaños es el nueve de mayo; el día de Europa, que celebramos todos los europeos. Nuestra divisa es el nombre de nuestra casa; Unidos en la diversidad. Y nuestra moneda el euro.
Todos juntos hemos conseguido hacer muchas cosas, ahora cuidamos los unos de los otros, las puertas de esta casa continúan abiertas y lograremos hacer mucho más, porque siempre hay alguien que se guía por la razón, por la esperanza y por la ilusión, y llegara el día en el que cuando nos crucemos frente a frente no habrá diferencias, solo diversidad, y como la diversidad también tiene conciencia seremos conscientes de que la Unión Europea no está formada solo por veintisiete países. A Europa, la forman, miles, y millones de europeos.
“En esta casa hay un espejo, de cinco puntas, es el espejo del futuro, de vez en cuando me miro en él, veo a jóvenes españoles sujetando banderas azules, veo otra casa en la que jóvenes de todos estos países conversan sobre la Unión Europea, en la que surgen nuevos propósitos, nuevas ideas, nuevas opiniones, nuevas realidades.
Eran días muy sombríos. Estaba aturdida, me sentía manipulada, tenía miedo por los míos; porque estaban sufriendo, porque todo se hacía oscuro, parecía que el tiempo se había detenido. No sabía dónde ir ni que hacer; como si todo consistiese en un mal sueño en el que no encontraba quien me pellizcase para poder despertar. No podía olvidar el pasado, el abandono. Sabía que todo era real pues me dolía, y mis lágrimas son mares, y mi llanto es el estruendo de las olas de mis lágrimas al chocar contra las rocas. Y mis ojos, casi apagados, no veían mucho más del más allá, pues no encontraban una salida y descansaban casi mudos, tímidos, con miedo, mis ojos, a los que tanto amo, porque sé que ellos también son capaces de amar.
Paseaba dando tumbos, a la vista de todos. Parecía que estaba borracha, que tontería; una simple excusa para disimular el agotamiento por no encontrar una manera para salvarme de esta angustia que sentía solo por el sentir de los míos.
Tropecé de nuevo, pero no caí; siempre hay alguien cerca que me echa una mano, que aparece de repente y me sujeta para que continúe caminando; otro más al que tengo que agradecer que no me halla desplomado. Eso me duele más; debo tanto a la gente que si no fuese por ellos seguramente mi rostro sería diferente, mis sentimientos, incluso mi nombre ya hubiese cambiado. Como agradecer a todos los que me sujetan para no caer en estos momentos en los que me siento tan perdida. Si el sol me mira a la espera, como si estaría ausente la memoria del hoy, y el recuerdo del ayer me contase al oído que las personas que me quieren no tienen miedo a nada, que jamás me abandonaran. El sol me dice que esas personas son capaces de dar sus vidas por mí, que muchos ya la han dado, que dedican su tiempo; ese tiempo que es tan precioso, para que yo salga adelante y me centre en esa memora que está ausente, esa memoria que es la del hoy pues más adelante será la memoria del pasado, y cuando mire hacia atrás no tenga que decir qué mis mares son lágrimas y mí llanto su feroz bravura.
Continué caminando y volví a tropezar, evidentemente no caí, de nuevo me sujetó alguien, esta vez esa persona me señaló una casa: una casa muy grande, una casa diferente, con muchas ventanas y muchas puertas, las ventanas eran azules y todas sus puertas estaban abiertas. Caminé dirección a la casa, al cruzar la esquina de la calle escuché el compás de otros pasos que caminaban junto a mí, también se dirigían a la casa. Al llegar a una de las puertas quien me acompañaba y yo izamos nuestros rostros, muy lentamente, nos miramos a los ojos; como banderas que se izan muy despacio hasta alcanzar lo alto del mástil que las sujeta.
Nos miramos fijamente y cruzamos la puerta que permanecía abierta, antes de entrar me giré, miré a mi sol, y a su lado una estrella, era dorada, muy linda, de cinco puntas, el sol me dijo que esa estrella, ahora, también me pertenecía.
Dentro de la casa comenzó a sonar la música, aquella música entraba por nuestros oídos y llegaba a lo más profundo de nuestra tierra; se trataba de la novena sinfonía de Ludwin van Beethoven. Comencé a sentirme fuerte, la paz de la música junto al silencio de la casa hizo que mis mares se calmaran, que sus olas cesaran, que el viento se convirtiese en brisa, fue entonces cuando comencé a sonreír. Muy cerca de mí sentí como los míos también sonreían; todos aquellos que sujetaron mi hombro para que no cayera cuando tropezaba, aquellos que prestaron sus vidas, que dedicaron y dedican su tiempo para que en estos momentos continuemos sonriendo. Ellos y yo, yo y ellos, porque sin ellos no soy nadie ni nada, porque sus manos cultivaron mí tierra, cuidaron de mí cielo, abrazaron a mi sol y acunaron a mis estrellas, lloraron con migo y con mis mares, sintieron mi frió y mi calor, soportaron mis enfados y rabietas. Y ahora sonríen así. Porque sí. Porque se lo merecen. Porque yo soy de ellos y les quiero como míos, y la música continua sonando, hace ya más de veinte años que suena, y cada año me hago más fuete y más libre, más hermosa. Ahora creo en algo que desprende amistad, unidad, diversidad; un perfume que me da calma, que me hace imaginar, inventar, descubrir y crear, un aroma que tiene nombre y apellidos, que se llama – Unión Europea-. Y la casa, aquella casa; la casa de las puertas abiertas, también con su nombre – Unidos en la diversidad-.
Que tonta soy, ni siquiera me he presentado, el dolor del pasado me hizo olvidar, les pido mil disculpas. Me llamo España, el compás de aquellos pasos que caminaron junto a mí hasta llegar a esta casa ¿los recordáis?, se llaman Portugal, todos los que me dieron y me están dando su tiempo, que me sujetaban y aún me sujetan cuando tropiezo, porque hay días que aún tropiezo… pero muchos menos, todos esos se llaman españoles. En –Unidos por la diversidad- ahora somos veintisiete; está Bélgica, Dinamarca, Alemania, Grecia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, Portugal; “esta es la de los pasos”, Finlandia, Suecia, Reino Unido, República Checa, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, Malta, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, y dos que han entrado hace muy poquitín y que estamos ansiosos por conocer mejor, Bulgaria y Rumania.
Ahora todos tenemos un nombre y es igual para todos, “así no nos confundimos cuando nos llamamos”, somos;-La Unión Europea- . También tenemos una bandera que representa un círculo de doce estrellas doradas sobre un fondo azul “como la estrella que estaba junto al sol el día que cruce esta puerta”. La música que sonaba cuando entré en esta casa, y que aún suena; ese es nuestro himno. Nuestro cumpleaños es el nueve de mayo; el día de Europa, que celebramos todos los europeos. Nuestra divisa es el nombre de nuestra casa; Unidos en la diversidad. Y nuestra moneda el euro.
Todos juntos hemos conseguido hacer muchas cosas, ahora cuidamos los unos de los otros, las puertas de esta casa continúan abiertas y lograremos hacer mucho más, porque siempre hay alguien que se guía por la razón, por la esperanza y por la ilusión, y llegara el día en el que cuando nos crucemos frente a frente no habrá diferencias, solo diversidad, y como la diversidad también tiene conciencia seremos conscientes de que la Unión Europea no está formada solo por veintisiete países. A Europa, la forman, miles, y millones de europeos.
“En esta casa hay un espejo, de cinco puntas, es el espejo del futuro, de vez en cuando me miro en él, veo a jóvenes españoles sujetando banderas azules, veo otra casa en la que jóvenes de todos estos países conversan sobre la Unión Europea, en la que surgen nuevos propósitos, nuevas ideas, nuevas opiniones, nuevas realidades.
Autor: José Ángel García
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