Grupo de educación, cultura y deporte. Asamblea Popular Pº de Extremadura

7/4/12

Elegía a Port Prince


(Memoria del desastre de Haití)
 
Digo que tal vez mi muerte sea un libro inconcluso.
Una puerta que dejo medio abierta.
Ese hijo al que no pude ver crecer.
La tierra que no tuve tiempo de sembrar.
Pero algo hice.

Tranquilo. Estoy tranquilo.

Siempre habrá alguien detrás que lentamente,
paso a paso,
intente concluir ese abandono.
Porque sólo soy un eslabón en la cadena.

No importa entonces.
Sé que la semilla brotará mañana.
Que la luz se abrirá camino en las tinieblas.
Que otro reiniciará la lectura que dejé.
Que mi hijo andará su propia senda.
No me afecta la muerte demasiado.
Moriré en paz, es eso lo que espero,
al abrigo de manos conocidas.

Pero sí el dolor.
El dolor de la carne, del hambre y la miseria.
La muerte en soledad, entre las ruinas.
La del que sin tener en la vida nunca nada,
nada lega tampoco cuando muere.
Son los muertos de Port Prince.


He visto a una mujer. Y he visto a un niño.
Y a un hombre con los ojos muy abiertos.
Les he visto en el polvo. En el derrumbe.
Bajo el cielo indiferente.
Sin ni siquiera un lugar para sus restos.
Son los muertos de Port Prince.

Nada tuvieron. Menos tienen ahora.
Cuerpos arrastrados al mayor de los olvidos.
Uno encima del otro, amontonados.
Sepultados en montañas de cal viva
o quemados en piras fantasmales.
Sin nombre y sin pasado. Sin recuerdo.
Son los muertos de Port Prince.

Apenas queda tiempo para el llanto.
No se sabe a que dios hay que rezarle.
Importan los que viven, no los muertos.
Estos son cenizas en el aire,
el hedor de miles de cadáveres.
Amasijo de huesos, de vísceras y músculos.
Ignorados, perdidos, insepultos.
Son los muertos de Port Prince.
Perros hambrientos los devoran por las calles.
Manos impías rebuscan en sus ropas,
profanan sus cuerpos mutilados, su memoria.
Tal vez ese billete, ese anillo o esa cadena,
ese collar que un día la mujer lució en su pecho,
alivien por segundos el hambre y la pobreza.
Se pudren sus restos en la ciudad maldita.
Son los muertos de Port Prince.

Pero importan los que viven, no los muertos.
Eso dicen.
Los que serán mañana
otros muertos en Port Prince.


Autor:  Ramón Cabrera Naveiras
Categoría: Poesía

No hay comentarios:

Publicar un comentario