El
padecimiento denominado acúfenos o tinnitus vendría a ser un
“fenómeno perceptivo que consiste en notar golpes o chirridos que
no preceden de ninguna fuente externa”, según la enciclopedia
libre Wikipedia. He manifestado este mal, desde enero del 2008. Mis
dudas sobre si efectivamente no provienen de alguna fuente externa,
cada vez son más contundentes, pues ninguna fuerza se manifiesta sin
alguna otra que genere la reacción. La teoría que surge, en estos
días, es la de la presencia de una frecuencia sensorial auditiva, la
cual maximiza y minimiza su contundencia; entonces, podríamos
enunciar que posee alguna inteligencia artificial operada,
proveniente del artefacto que la emite. Podría ser una antena o
satélite malogrado o controlado en pro de alguna causa. Este
fenómeno auditivo forma parte de la sintomatología del diagnóstico
psiquiátrico esquizofrenia. La posible frecuencia sensorial
auditiva, planteo, podría decodificar, codificar y transmitir
mensajes al cerebro que se manifiestan como imágenes y voces que
atormentan al individuo. He luchado arduamente para discernir entre
las teorías más maléficas, poco creíbles e “inconsistentes”
que caracterizan diversos discursos. Combatí este corpus de
síntomas, juzgando a las voces que se manifestaban en mis oídos
como cualquier relación interpersonal e intersubjetiva, cuestión
que los emisores posiblemente no intuyeron… Pues sí, mi
planteamiento enuncia que de todos modos hay un emisor, siguiéndose
y cumpliéndose las leyes universales. Así la teoría surgente se
posiciona como contundente y trascendente a través de la historia de
la humanidad, donde los medios de comunicación cobran un valor
fundamentalísimo para accionar el poder en todas sus expresiones.
¿Podríamos contrastar los diversos regímenes que pelearon y pelean
por poseer el control de estos medios comunicacionales y
telecomunicacionales?
Autor: Raúl Alfonso Allain Vega
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