Grupo de educación, cultura y deporte. Asamblea Popular Pº de Extremadura

7/4/12

Cuando los tulipanes vuelvan a florecer

Me llamo Meriem y tengo 26 años. La gente suele decirme que soy bonita y mi marido  también me lo dice a menudo, pero yo no puedo dejar de pensar que la belleza de poco sirve en estos tiempos difíciles.
Mis padres me casaron hace un año y medio con Alí, un señor de cuarenta y un años. En occidente muchas chicas de mi edad se han escandalizado por este matrimonio y sobre todo por la diferencia de edad, pero en mi país, Irán, esto es algo bastante común. Y lo cierto es que no me disgusta mi matrimonio. Alí es bueno conmigo y yo sólo siento no poder hacerle más feliz, al igual que él siente no poder hacerme más feliz a mí. Este año, Dios nos bendijo con una preciosa niña a la que hemos llamado Hasna.

Gracias a que mi familia tiene algo de dinero, pude estudiar ingeniería industrial en Londres y justo después de la graduación, volví a mi país para casarme. Lo cierto es que, después de haber vivido practicamente como cualquier joven londinense, se me hacía difícil volver a Irán para casarme con un desconocido, pero no tenía elección, era lo que tenía que hacer.
Alí fue agradable desde el principio y la boda fue bonita. Nuestros primeros meses como casados, fueron algo raros, pues yo era tímida y apenas sí sabía como comportarme después de tanto tiempo viviendo en Londres. Pero Alí también es un hombre culto que estudió filosofía y por las noches solíamos sentarnos a leer y debatir sobre algunos pensadores. Eran unas veladas realmente agradables. Nos sentábamos en la alfombra y déjabamos las ventanas abiertas para que el olor a hierba recién cortada, llegase hasta nosotros.
Él era profesor de filosofía en un instituto y quería tener muchos hijos. Yo me encargaba de la casa y en mis ratos libres escribía breves relatos sobre niños, al estilo de Peter Pan, que leía a Alí al llegar a casa. A él le encantaban y solía reír alegre. Lo cierto es que en ocasiones, yo solía añorar mi vida de joven soltera y estudiante en Londres, pero la vida junto a Alí, también era muy agradable.
Pero nuestra apacible y casi bucólica vida, rodeados de tulipanes de colores y hierbas aromáticas, estaba a punto de acabar. Una guerrilla estalló en mi pueblo y mi familia estaba en el punto de mira. Tuvimos que huír casi con lo puesto. Mataron a mis abuelos y también a mi padre y un hermano. Así que una noche, Alí me cogió casi por la fuerza, pues yo no quería abandonar a mi familia y, cogiendo apresuradamente nuestros pasaportes, salimos del pueblo y cogimos un avión hacia España.
Mientras salíamos de allí, yo lloraba y Alí agarrando mi brazo, no dejaba de correr. En dos ocasiones, tuvimos que escondernos y cuando ya estuvimos a las afueras del pueblo, continuamos el camino, ahora ya sin correr. Pronto vimos un taxi y por fin, llegamos al aeropuerto. Aún no sé muy bien porqué el destino elegido fue España. Creo recordar vagamente que yo dije que en Londres, había conocido a algunos españoles que hablaban muy bien de su país… sí, tal vez por ese simple comentario acabamos viniendo aquí.

Ya ha pasado más de un año desde que me casé y sólo llevamos en España un par de meses, tal vez incluso menos. Hasna ha nacido a los nueve meses y en España, pero con una rara enfermedad que le impide beber leche materna o leche normal para bebés, por lo que sólo puede beber una leche especial. Pero nosotros no tenemos dinero para comprarle esa leche. Yo en mi país casi era rica y aquí ni si quiera puedo alimentar a mi hija. No tenemos trabajo, aunque Ali comenzó ayer a trabajar en una obra. Es el primer trabajo que tiene desde que llegamos aquí y únicamente es para una semana, pero con el dinero que le den, podremos comprar leche a Hasna.
Gracias a Dios que mi vecina es buena y en este último mes, cuando ya se nos gastó el poco dinero que trajimos de Irán, ella nos ha estado dando algo de fruta y alguna vez también compró la leche para Hasna, pero yo no quiero vivir de la caridad. Mi vecina es buena y estoy segura de que de no ser por ella, mi bebé ya se habría muerto de hambre. Pero realmente me da vergüenza coger lo que ella nos da y verdaderamente, no lo haría si no fuese desesperadamente necesario tener que aceptar la ayuda de esta buena mujer, que por otro lado, yo sé que tampoco es que ella nade en la abundancia.

Ahora mismo Hasna está llorando porque tiene hambre y yo lloro con ella porque no puedo hacer nada. Yo sé que Alí también tiene hambre. Cada día sale a buscar trabajo muy temprano y vuelve por la noche. Camina todo el día, únicamente con el té que se toma por la mañana en el estómago.
Quiero volver a mi país con mi familia, desde que vinimos, no sé a penas nada de ellos, pero Alí tiene miedo de que al volver, puedan matarnos a mí y a Hasna.
Sólo espero que Hasna no muera de hambre y que cuando sea mayor también pueda ir a la universidad como hice yo. También espero que esta horrenda situación no merme el cariño que Alí y yo nos profesamos, pero sobre todo espero que, muy pronto volvamos a leer en las noches de brisas refrescantes, a los grandes pensadores.
Pero soy optimista y sé que los tulipanes volverán a florecer en mi pueblo y que Hasna será el hada de las flores más bonita… con hoyuelos en el nacimiento de sus deditos y unos ojos brillantes y soñadores que nunca más volverán a ver la tristeza que ahora nos cubre. No, un día soleado, la luz nos envolverá y mi pequeña hada será libre, feliz y tan bonita como las flores.

Autora: Azahara Alcalde López
Categoría: Adulto

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