Lucy que bonito nombre
para una lagartija que se mantiene debajo de las matas, le decía al
papá mientras la cogía por la espalda y le pasaba los dedos por su
boca. Después del partido con lo de la equina vio como desde la
quebrada salio la lagartija, el que siempre ha sido muy hábil la
logro coger de una, la metió en la camisa y la llevo para la casa.
Ya que papá nunca ríe y menos cuando al chuiquito le da por traer
animales raros, él sabe que si no es fuerte, en esto, con que
alimañas llegaría el culicagado. La orden perentoria, no dejar
pasar la puerta nada que no fuera humano, porque ya bastante había
tenido con perros callejeros, gatos, palomas heridas, y hasta unos
pollos de colores que había ganado en una feria, además en la
televisión estaban diciendo que tener animales en vía de extinción
era grave, el mira con furia y una mano coge la lagartija que tiene
una cola más larga de lo común, la mete en una caja de zapatos y
sale arrastrando las chanclas por la casa. Esta vez no sería el
títere de su papá y se quedaría con la mascota, además se la
había encontrado y eras ya suya, bastante trabajo había tenido para
sacársela camuflada con los amigos.
Los meses siguientes
fueron normales, el chiquito en su ensimismamiento habitual y el
grande tratando de aparentar más edad con las cremás para el pelo,
pura vaselina para que la niña de la casa del frente lo mire por
unos segundos, con un copete de ese tamaño lo mira hasta Madona. A
mí de papá me toca hacer el que no ve las cosas y trato de hablar
con ellos de temas banales, sobre el colegio, la liga de campeones,
el muñeco de la tarde y cuando me pregunta por su mama les cuento
que se llama Lucy y que trabaja en una pesquera del pacifico.
El
primer síntoma fue lo del mercado que se notaba mermado, yo en mis
cuentas compraba para los quince días, pero en ocho tenia que mandar
a la muchacha por poquitos a la tienda, ¡cómo así que no hay carne
si compre seis libras!, ¡Cómo que los plátanos se terminaron si
esta semana no hemos comido sancocho sino un día!, El chiquito
seguía en su mutismo, y corría al patio, donde pasaba la tarde sin
uno saber donde esta, (para los que no saben mucho de Cali en el
patio del que les hablo esta el lavadero y puede medir unos 100
metros cuadrados con tres árboles frutales y una plantación de
hortalizas que esta perdida entre la maleza que nunca se tiene tiempo
de cortar,) la gran hierva aumenta al punto que entre ella el
chiquito no se distinguiera, en la tarde mientras yo trataba de
terminar unos muebles para un cliente, el grande escuchaba música
disco en la pieza encerrado y la muchacha trataba de jugar a quitarle
el pegao a una olla.
Le martes tipo seis vi al chiquito con
una bolsa que Corría de tras de la alacena y lo cojo con cinco
plátanos rumbo al patio, y la berrieondera que me dé cómo si
tuvieras mucha plata para andar regando comida a los vecinos si claro
tras de jodidos, saquiados, no que tal mi hijo pasando por la tapia a
la desgracias de al lado, pues guevonsito desde hoy no pasa al patio
y llagas de la escuela y para el cuarto con tu hermano, le puse el
candado al portón de atrás, la muchacha tenia mucho que lavar y no
podía pasar mientras el chiquito este en casa por que el culicagado
pega carrera pa`tras. Pensé en llevar al niño a un psicólogo por
que lo sorprendí gritando Lucy, Lucy por la rendija de la puerta y
me dio pesar de el.
El domingo a amanecer lunes yo cansado
de todo le día darle al serrucho me quede dormido con ropa cuando
siento que me agarran de la mano con toda la fuerza, hay Dios santo
el demonio en persona, yo no veía Si no dos ojos grandes, y una piel
áspera, negra, lo demás me lo contaron los del Departamental, que
han estado muy preocupados por que hace mucho tiempo no había por
estos lados uno mordido por un caimán. Luego hablando despacio con
el chiquito me cuenta que el nunca pensó que me fuera a arrancar las
mano de un solo lapo, que el cuándo se lo encontró caminando por
la acequia no pensó que fuera a crecer tanto y que como yo no deja
que le diera más comida yo tenia la culpa y que además a el nunca
lo había tratado de morder. Mariconsito de mierda y es que no me oyó
cuando le dije que esa puta lagartija no podía vivir en la casa, el
guevonsito mira con ojos desconcertado y responde.
Lagartija no-papi se llama Lucy como mi
mama.
Autora: Carmen Moncada Hernández
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