Bella
muchacha de ondulados y perfilados cabellos ardientes, hace tiempo
que su esplendorosa presencia me cautivó. Perdone si un servidor osó
demasiado cruzando sus límites de privacidad que usted se merece. Su
esbelta figura, tallada por los dioses, me fascinó y me atrajo cada
día más hacia usted. Ojos profundos, fuertes y sensibles provocaron
que cada día quisiera mirarla con más detalle, atrevimiento y
fantasía de seguir estando a su lado. Su sonrisa humilde,
conciliadora, elegante y de dulces labios me enamoró. No espero ser
un simple adulador de su persona para conseguir su amor, soy
consciente de que su corazón puede abarcar límites fuera de mi
comprensión o que mi absoluta torpeza cause algún estropicio para
poder decirle en frente suyo que la amo con todo mi corazón. No
tengo mucho que ofrecerle, soy un pobre plebeyo con un trabajo simple
y sin futuro, con una pequeña casa a las afueras de la ciudad y no
podría ofrecerle una vida de lujos inalcanzables a las que está
acostumbrada. Tan solo puedo ofrecerle una vida humilde, simple, en
la que no le faltará de nada para vivir y formar una familia en que
brote el amor cada día y crezcamos juntos viviendo nuevas
experiencias. Sé que mis palabras llenas de sentimientos, dudas y
temores puedan parecerle insignificantes con pretendientes que puedan
ofrecerle mucho más que yo, ante ello asegurarle que solo tendría
ojos para usted, a ninguna otra mujer le dedicaría mi tiempo o mis
bonitas palabras de afecto y amor. Lo que más feliz me haría seria
saber que también soy dueño de su corazón y tratarla como usted se
merece, con respeto, amor, dulzura y actos de amor diarios para
compensar que está con un plebeyo como yo.
Atentamente
suyo.
Autor: Claudio Ricardo Calumarte Kelm
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