Grupo de educación, cultura y deporte. Asamblea Popular Pº de Extremadura

7/4/12

¿Y la noche?


“¿Dónde encuentro el camino hacia la noche?” me pregunto. Miro las campanas doradas de la Basílica de los Ángeles, que en lento movimiento, retumban sus gritos hacia el cielo. Trato de seguir aquellos sonoros repiqueteos entre las nubes, esperando que las atraviesen, que las empujen o las ahuequen; o tal vez las moldeen y así me digan algo, pero no veo nada. Miro hacia abajo, “tal vez el sonido tiene sombra” pienso; pero no es así, solo veo la mía, que me dice que son un poco más de las 3 de la tarde. Otro rugido metálico. Nuevamente las campanas roban mi atención. Los árboles del parque se sacuden en armonía, cualquiera pensaría que es a causa del viento, pero yo, se que no es así. Los lamentos de las campanas lastiman su follaje, sus ramas; ellos se sacuden el aturdimiento con un suave vaivén. La gente  camina junto a ellos y no les interesa calmarlos, hablarles, y decirles que todo va a estar bien, que solo son campanas, que solo es el llamado al culto, pero no, a nadie le interesa.  Pensar en ello me entristece. Me siento entre las oquedades de la sombra del árbol más pequeño, un árbol de escasas hojas y con un tronco pueril; lo se, es demasiado joven para entender a sus homogéneos. Junto mis manos, mis dedos se abrazan, los llevo cerca de boca, como si me dispusiera a rezar, y me encorvo. Cierro los ojos y trato de entender por qué al hombre le gusta ignorar ésta verdad; esta realidad. Y me doy cuenta que no se que es eso, qué es la realidad. Pero, si un árbol vive, ¿dónde guarda su alma?, ¿por qué no habla como nosotros? No lo se, tal vez yo soy el loco que no sabe donde está existiendo, o, tal vez solo me gusta imaginar que nuestro planeta esta vivo y morirá. Creo que es mejor pensar como los demás, y así, dejar de ser tan tonto. Poder tirar basura donde sea. Gastar tanta luz como sea posible y cuando yo quiera. Tirar las sobras al río, pues son bracitos del mar y es imposible contaminar algo tan grande. Dejar de ser un ser incivilizado y lograr vivir en la modernidad, admirando los bosques en mi pantalla plasma, pues tiene mejor resolución, y así logro ver mejor los detalles. Oler los aromas florales mejorados y duraderos sin salir de casa, solo con conectar un cuadrito de tecnología a un enchufe. Subir a la caminadora y correr por horas, en lugar de soportar esos pestilentes olores de color verde. Mirar estrellas a través de un monitor, pues se ven más nítidas. Dejar de desvivirme por la naturaleza, que como piensan todos, es estúpida, pues por algo, no se defiende y se ha vuelto aburrida. Si, debe ser eso, yo vivo en un mundo imaginario, donde el croar de los sapos y de las ranas me arrulla. Donde la lluvia me refresca y revitaliza. Donde las nubes toman formas como se me antoja. Donde el olor a tierra mojada  penetra por la nariz y nos obliga una sonrisa. Donde el cielo nocturno muestra sus agujeritos penetrados por luz. Creo que imagino a nuestro planeta enfurecido, hastiado de tanta indiferencia, de tanta apatía. Extraño imaginar a las luciérnagas pintando la oscuridad de la noche, pues si a nadie le preocupa su ausencia, entonces si estuvieron todo este tiempo dentro de mi cabeza, jugando con mis ideas.
            Otro grito de campana me altera y me obliga a abrir los ojos. Ya no esta el sol. La gente sigue caminando. Nada esta pasando. Solo siento mi cuerpo, siendo abrazado por el frío del desdén social. Tengo cuatro sombras, es muy confuso, pero es  causa de las luces artificiales del parque. Pobres árboles, no los dejan descansar, extrañan a la desusada luna. Me doy cuenta que la noche que yo recordaba, se fue hace muchos años, o tal vez, algunos siglos. Solo queda esta noche artificial, llena de coloridas luces de semáforos, de estáticas luces guardianas, de intermitentes puntas rojas sobre las torres, de melodías digitalizadas, de aislamiento personalizado. Y me vuelvo a preguntar “¿Dónde encuentro el camino hacia la noche?”, creo que ya no existe, la hemos desterrado. Nos hemos creado otra noche en esta nueva realidad, llena de progreso, de nubes color humo, con cantos de carros y el arrullo de la tecnología, mascotas virtuales, amigos sin verdadero rostro o maquillados , de necesidades arrogantes. Creo que prefiero la locura de creer en un mundo vivo y agonizante, que tal vez solo yo, lo escucho y lo entiendo, pero que ya no puedo abrazar, porque me lo cambiaron por otro, uno frío e indiferente; un mundo virtual.
 Autor: Alexandrum Sinestésico

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